Trabajamos sobre el espacio real, no sobre ideas abstractas. Cada servicio parte de un diagnóstico concreto y termina con un plan que el equipo puede sostener en el día a día.
Visitamos tu oficina, medimos la luz natural, la humedad y los puntos de ruido. Con esos datos definimos qué especies de vegetación nativa pueden prosperar y dónde conviene colocarlas para que no estorben el paso ni el trabajo.
Reorganizamos escritorios, zonas de descanso y áreas de circulación para que el cuerpo y la vista descansen. La idea es que cada persona tenga un rincón con vegetación cercana y una ruta de luz que acompañe su ritmo de trabajo.
Elegimos plantas autóctonas que se adaptan a la temperatura y a la humedad de tu oficina, sin exigir riegos complicados ni cuidados expertos. Te entregamos una guía simple de mantenimiento para que el verdor se mantenga vivo con poco esfuerzo.
Nada de cambios bruscos. Dividimos la transformación en etapas: primero la zona de recepción, luego las salas de reunión y al final los puestos de trabajo. Así el equipo se adapta de a poco y cada fase se evalúa antes de seguir.
Capacitamos a tu equipo con microhábitos de conexión con la naturaleza: observación de plantas, respiración consciente y estiramientos breves. Son prácticas de cinco minutos que se integran a la jornada sin perder productividad.
Ajustamos la temperatura de color de la luz artificial según la franja horaria y potenciamos la entrada de luz natural. El objetivo es que la energía del equipo acompañe el ciclo del sol, con menos fatiga visual y mejor descanso nocturno.
Depende del estado del espacio y del alcance que elijas. Un diagnóstico inicial con propuesta de distribución suele tomar entre dos y tres semanas. La implementación por fases puede comenzar con cambios de bajo impacto, como la incorporación de vegetación nativa y ajustes de iluminación, y extenderse durante varios meses si se incluyen reformas de materiales o mobiliario ergonómico.
Trabajamos con especies de bajo mantenimiento que toleran condiciones de luz media, como la sansevieria, el potus o la cinta. Antes de recomendar cualquier especie, realizamos una medición de la luz disponible en cada sector y evaluamos la humedad ambiente. Así evitamos plantas que exijan cuidados intensivos y que terminen abandonadas en un rincón.
No necesariamente. En muchos casos basta con ajustar la temperatura de color de las luminarias existentes y complementar con luz natural mediante cortinas o redistribución de puestos. Cuando el sistema actual no permite variar la intensidad, evaluamos soluciones puntuales para las áreas de mayor permanencia, como escritorios o salas de reunión.
Sí. Los talleres prácticos están pensados para equipos que quieren incorporar pausas restaurativas y microhábitos de conexión con la naturaleza sin necesidad de obras. Trabajamos con ejercicios de observación de plantas, respiración consciente y estiramientos en espacios verdes, adaptados a la rutina diaria y al espacio disponible.
El diagnóstico cubre tres ejes: confort térmico, calidad del aire interior y equilibrio visual. Relevamos la orientación de las ventanas, los materiales presentes, los niveles de ruido y la distribución actual de los puestos. Con esa información elaboramos un informe con recomendaciones concretas y un plan de implementación por fases, priorizando las acciones de mayor impacto.
La mayoría de nuestras intervenciones son sobre espacios existentes. Aprovechamos el mobiliario actual siempre que cumpla con criterios ergonómicos básicos y proponemos ajustes de distribución que no requieran grandes obras. El objetivo es que la transformación sea viable sin interrumpir por completo la actividad del equipo.
¿Tenés otra consulta sobre tu espacio de trabajo? Escribinos a info@thegoodplacetobe.com o visitá nuestra página de contacto para coordinar una primera conversación.
Equipos que rediseñaron su oficina con criterio biofílico cuentan cómo cambió el día a día: menos ruido, mejor luz y un ambiente donde da gusto quedarse.
Empezamos con una auditoría del espacio y en tres semanas teníamos un plan claro: redistribuir escritorios cerca de la ventana, sumar paneles verdes en la sala de reuniones y cambiar la temperatura de color de la iluminación por la tarde. El equipo nota la diferencia sobre todo a las 15 h.
Lucía Fernández, gerenta de operaciones en estudio de arquitecturaLa vegetación nativa que colocaron en la zona de trabajo abierta absorbió bastante el sonido de las llamadas. No es un cambio milagroso, pero bajamos el nivel de ruido percibido y las personas dejaron de quejarse del eco. Las plantas son de bajo mantenimiento y aguantan bien la calefacción.
Martín Aguirre, responsable de recursos humanos en fintechEl taller de pausas restaurativas nos pareció simple al principio, pero cambió la rutina. Ahora hay dos momentos fijos de estiramiento y observación de las plantas, y la gente vuelve con otra energía. No es magia: es constancia y un espacio que acompaña.
Carolina Méndez, líder de equipo en consultora de diseñoLo que más valoro es que no nos vendieron un sistema caro. Ajustamos lo que ya teníamos: persianas, distribución de escritorios y bombillas con temperatura regulable. El resultado es un ambiente más parejo a lo largo del día, sin picos de cansancio tan marcados. Jorge Salinas, director de una agencia de comunicación
Nuestra oficina pasó de ser un lugar funcional a un espacio donde uno elige quedarse a almorzar o trabajar un rato más. La mezcla de materiales naturales, plantas y luz suave hace que el cuerpo se relaje. Los clientes también lo notan al entrar.
Ana Belén Ríos, socia fundadora de estudio de interiorismo