El proyecto nace de una convicción simple: pasar ocho horas diarias en un espacio sin luz natural, sin vegetación y con aire recirculado no debería ser la norma. The Good Place To Be comenzó como una consultoría de diseño biofílico para oficinas en Buenos Aires, con la idea de que el entorno laboral puede cuidar tanto la salud física como la emocional de quienes lo habitan. Trabajamos con vegetación nativa de bajo mantenimiento, materiales naturales y sistemas de iluminación circadiana para transformar salas grises en refugios que regulan el confort térmico, mejoran la calidad del aire interior y devuelven el equilibrio visual a la jornada. No vendemos decoración: diagnosticamos el espacio existente, proponemos una distribución ergonómica y acompañamos la implementación por fases, con talleres prácticos para que los equipos aprendan a integrar pausas restaurativas y microhábitos de conexión con la naturaleza.
Trabajamos junto a arquitectos, responsables de recursos humanos y empresas de servicios que quieren oficinas con mejor aire, mejor luz y menos ruido. Estas son algunas de las colaboraciones que nos ayudan a seguir aprendiendo.
Nos convocaron para rediseñar la sala de reuniones principal de una consultora de ingeniería. Incorporamos una pared vegetal con especies autóctonas y ajustamos la iluminación para las horas de mayor concentración.
Durante tres meses acompañamos la mudanza de su equipo a un edificio más compacto. El desafío fue mantener la sensación de amplitud y mejorar la acústica sin sumar elementos pesados.
Su espacio de coworking necesitaba rincones de descanso que no compitieran con el área de trabajo. Diseñamos tres zonas con vegetación de bajo riego y materiales textiles que absorben el sonido.
Adaptamos su oficina administrativa para que el equipo pudiera hacer pausas restaurativas sin salir del edificio. Hoy cuentan con un pequeño invernadero interior y un circuito de microdescansos señalizado.
Un estudio de diseño gráfico que quería menos luz artificial y más contacto visual con plantas. Reorganizamos los puestos cerca de la ventana y elegimos especies que toleran bien la sombra parcial.
Somos un equipo pequeño de interioristas, paisajistas y especialistas en ergonomía ambiental. Llevamos años observando cómo las oficinas afectan el ánimo y la salud de quienes las habitan, y desde ahí diseñamos cada intervención.
Conocer nuestra trayectoriaArquitecto con más de quince años en reformas de oficinas. Coordina el diagnóstico inicial, la propuesta de distribución y el seguimiento de obra. Prefiere entender primero cómo trabaja cada equipo antes de mover una sola maceta.
Ingeniero agrónomo especializado en vegetación de interior de bajo mantenimiento. Selecciona especies nativas que sobreviven a la calefacción, la falta de luz directa y los fines de semana sin riego. También diseña los talleres de pausas restaurativas.
Diseñadora de iluminación que trabaja con temperatura de color variable para acompañar el ritmo biológico de la jornada. Mide la luz natural disponible y propone sistemas que no obligan a elegir entre confort visual y ahorro energético.
Especialista en ergonomía ambiental. Analiza la circulación del aire, la humedad y la posición de los puestos de trabajo para que la vegetación y los materiales naturales no queden solo como decoración, sino que cumplan una función real.
Nuestra historia
The Good Place To Be nació en 2019, cuando un equipo de consultores notó que el bienestar de las personas dependía menos de los muebles caros y más de cómo la luz, el aire y la vegetación se integraban en el día a día. Lo que empezó como un diagnóstico informal en una oficina de Villa Madero se convirtió en un método propio de diseño biofílico.
Un cliente nos pidió ayuda con el ruido y la fatiga visual en su sala de reuniones. Medimos la luz, revisamos las especies de plantas que ya existían y descubrimos que el problema no era el espacio, sino la falta de capas verdes y de una iluminación que acompañara el ritmo del día. Ese primer informe se convirtió en la base de nuestro servicio de diagnóstico.
Después de varios proyectos, entendimos que imponer un rediseño completo no funcionaba. Empezamos a proponer planes por fases: primero ajustar la luz y la acústica, luego introducir vegetación nativa de bajo mantenimiento y finalmente entrenar a los equipos con pausas restaurativas. Así nació el enfoque que hoy aplicamos en cada consultoría.
Un cliente nos pidió que no solo rediseñáramos su oficina, sino que enseñáramos a su gente a usarla mejor. Diseñamos talleres prácticos de microhábitos: observar una planta durante dos minutos, ajustar la persiana según la hora, hacer una pausa activa junto a la ventana. Hoy estos talleres son parte central de nuestra oferta.
Hoy trabajamos con oficinas de distintos rubros, desde estudios de arquitectura hasta equipos de tecnología. Nuestro foco sigue siendo el mismo: que cada espacio se mantenga saludable sin depender de un mantenimiento intensivo. Elegimos especies resistentes, materiales naturales y sistemas de luz que se adaptan a cada estación.