Cada proyecto avanza en fases medibles: diagnóstico del espacio, propuesta de distribución, selección de especies y plan de implementación. Así se evita la improvisación y se garantiza que el resultado responda a las necesidades reales de tu equipo.
Cada intervención sigue un orden pensado para que el espacio, las personas y la vegetación se encuentren sin fricciones. Estos son los pasos que recorremos juntos.
Visitamos la oficina, medimos la luz natural disponible, revisamos la ventilación y hablamos con quienes la usan a diario. El objetivo no es decorar, sino entender cómo se trabaja, dónde se concentra el equipo y qué zonas quedan vacías la mayor parte del día.
Con los datos en mano, ajustamos la disposición de escritorios, salas de reunión y zonas de pausa. Buscamos que cada persona tenga una línea visual hacia la vegetación y que los recorridos internos no crucen las áreas de descanso. La ergonomía aquí no es solo de sillas: es de recorridos y de luz.
Elegimos plantas nativas que sobreviven con riego moderado y que no exigen un jardinero a tiempo completo. Cada especie se asigna según la orientación de la ventana, la humedad del ambiente y la frecuencia real de cuidado que el equipo puede sostener. Nada de especies que mueren en el primer mes.
Dividimos la intervención en etapas para no interrumpir la operación diaria. Primero se preparan las superficies y la iluminación circadiana; después se colocan los materiales naturales y, al final, se incorpora la vegetación. Cada fase tiene un momento de revisión para corregir lo que no funcione.
Una vez que el espacio está listo, ofrecemos sesiones prácticas para que el equipo aprenda a usarlo: microhábitos de conexión con la naturaleza, ejercicios de respiración junto a las plantas y pautas para integrar descansos breves sin perder el ritmo de trabajo. El espacio se mantiene vivo cuando las personas lo habitan con intención.
A las ocho semanas volvemos para verificar cómo responden las especies, si la iluminación cumple su función y si las pausas restaurativas se incorporaron a la rutina. Ajustamos lo que haga falta y dejamos un manual de cuidado simple, pensado para que el equipo lo sostenga sin depender de nosotros.
El diagnóstico inicial se hace sobre el espacio tal como está, sin obras previas ni demoliciones. Las propuestas de distribución y selección de especies se ajustan a lo que se encuentra en la visita, no a un plano idealizado. El plan de implementación por fases se define después de ese relevamiento, y cada fase puede ajustarse según la respuesta del entorno y del equipo que lo habita.